viernes, 20 de noviembre de 2009

En torno al I Congreso Extraordinario del PSUV

En torno al I Congreso Extraordinario del PSUV
Por: Freddy J. Melo
El I Congreso Extraordinario del PSUV tiene la misión de crear los instrumentos teóricos, políticos y organizativos necesarios para iluminar el desarrollo del partido de nuevo tipo que requiere el proceso revolucionario. Un partido distinto a los tradicionales, capaz de sobreponerse al sectarismo; practicar la más cabal democracia participativa y protagónica interna; ejercer de manera metódica y profunda la crítica y la autocrítica; establecer una relación orgánica con el pueblo a fin de no ser un Estado Mayor externo sino una parte de la masa popular, y preparar a sus cuadros para que actúen como educadores y orientadores de ésta que a su vez se orientan y se educan con ella y sean los primeros en la acción, el trabajo y el estudio, los primeros con el fin de dar ejemplo y estimular, nunca con el propósito de escalar posiciones, que sólo deben ocupar si así lo decide su base de adscripción. Un partido que debe reunir, entre otros y como ha sido señalado, los siguientes elementos: elección directa, rendición de cuentas a la base, revocatoria de los mandatos, delegación funcional de responsabilidades, libre juego de tendencias, democracia del saber (libre acceso al conocimiento) y rotación de cargos.
Un partido como ése, y no menos que como ése, es necesario para potenciar la acción del liderazgo e impulsar la unidad, organización y conciencia del pueblo en pro de la realización de su misión histórica. Recordemos el objetivo esencial: conquistar para el colectivo la mayor suma de felicidad posible; y reafirmemos la conciencia de lo que esa aspiración nos exige sine qua non: realizar la liberación nacional, a fin de ser dueños de nuestro destino como país, y la liberación social, para serlo de nuestras propias vidas. Una y otra son consustanciales, no pueden realizarse por separado, e implican enfrentar y vencer al enemigo histórico, el bloque de poder imperialista-oligárquico, lo cual requiere a su vez forjar las armas de la unidad interna del pueblo, con sus clases y capas progresistas nucleadas alrededor de la clase obrera, y de la unidad continental bolivariana, para tornar invulnerables las victorias. En ese empeño nos encontramos, pero las dificultades son inmensas y no pocos los tropiezos. Como referencia, es imprescindible superar las expresiones de corrupción, burocratismo e ineficiencia y los enclaves reformistas existentes.
En estos momentos vemos desarrollarse las tenazas imperiales tratando de cercarnos y ahogarnos, y sobre todo de asustarnos, para poner freno a la marcha de la revolución, utilizando al desvergonzado minisantander vecino y a las oligarquías de allá y de acá, imbuidas de espíritu guerrerista y ahítas de odio. El imperio, empantanado en Irak y Afganistán, cosechando enemigos en Paquistán y en toda la zona del Oriente Medio, envuelto en crisis sistémica, enfrentado a la censura mayoritaria del mundo y a la reprobación creciente de su propia población, no las tiene todas consigo, aunque sigue siendo el mayor peligro para nosotros y para la humanidad. Pero, ¿asustarnos?, eso no juega para el pueblo que porta en sus venas el legado de Bolívar y responde al liderazgo del presidente Chávez, quien traza con audacia y lucidez la estrategia y la táctica de la liberación nacional rumbo al socialismo

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