viernes, 13 de septiembre de 2013

ALLENDE EN EL CORAZÓN Por Freddy J. Melo

 A 40 años de su luz
Allende en el corazón                                                                                                                                      Freddy Freddy J. Melo
                                                                                                                                   
Entre el 26 de junio de 1908 y el 11 de septiembre de 1973, un lapso de sesenta y cinco años, dos meses y dieciséis días, transcurrió la parábola existencial de Salvador Allende Gossens, un hombre que convirtió la muerte en vida al sembrar la suya individual en la colectiva de su pueblo, en cuyas manos flamea como bandera y cuya garganta proyecta su voz hacia los horizontes. Porque su sueño asesinado aquel once es del barro del fénix, y su cuerpo destruido, de la materia fecundante que Neruda llamó “la antártica hermosura de Chile”.
La unión de cuerpo y sueño comenzó  a forjarse en 1921, cuando, estudiante liceísta de clase media acomodada en su natal Valparaíso, un viejo zapatero anarquista le abrió el mundo de la inquietud y el combate social.
Desde allí todo fue, in crescendo, verbo iluminado, pasión entre oprimidos y explotados, estudio, edición de letra combatiente, lucha y cárcel, organización gremial y política: Cofundador en 1933 del Partido Socialista; impulsor en 1936 del Frente Popular y factor en 1938 de la campaña presidencial triunfante de su abanderado Pedro Aguirre Cerda; Ministro de Salubridad en 1939, Senador varias veces a partir de 1945, tenaz candidato presidencial, electo el 4 de septiembre de 1970 y confirmado por el Congreso, tras enorme tensión, el 24 de octubre.
Fue una victoria “para construir la nueva sociedad, la nueva convivencia social, la nueva moral y la nueva patria”, sobre la base de que “la revolución no implica destruir, sino construir; no implica arrasar, sino edificar”, y en la seguridad de que “cada pueblo tiene su propia realidad y frente a esa realidad hay que actuar. No hay recetas. El caso nuestro (…) abre perspectivas, abre caminos. Hemos llegado por los cauces electorales. Aparentemente se nos puede decir que somos reformistas, pero hemos tomado medidas que implican que queremos hacer la revolución, vale decir, transformar la sociedad, vale decir, construir el socialismo”.
Nacionalización del cobre, otras industrias y la banca, reforma agraria, impulso a la organización de los trabajadores, atención preferente a la educación y la salud, avances democráticos en profundidad y dignidad ante el mundo, fueron los logros alcanzados en tres años cortos por la Unidad Popular allendista frente a un enemigo que declaró guerra a muerte y desató huelgas, atentados, asesinatos, asonadas, desabastecimiento, bloqueo económico… y el 11 de septiembre.
Esa fecha infausta vio la fuerza armada chilena convertida en ejército de ocupación de su propio país. El asalto fascista arrojó un saldo de 15.000 muertos, 35.000 detenidos, 7.000 encarcelados, miles de expatriados, 30.000 estudiantes expulsados de las escuelas y 100.000 trabajadores de sus empleos. Nixon, Kissinger, la CIA, las transnacionales, la oligarquía apátrida, los “psicodisociados” y los perros de presa reclutados del lumpen, se refocilaron ante la misión cumplida. La ensangrentada estrella de Chile fue asegurada con mil grapas en el pabellón del imperialismo. Hoy, memoria de Allende y juventud al frente, lucha por el rescate.
Pablo Neruda murió del dolor de su patria al poco tiempo, acompañando al gran Presidente, a Víctor Jara y a todos los demás asesinados. Y Salvador Allende, “aquel hombre humano, decente, honrado, firme, leal, valiente, de honor y dignidad, presencia de ánimo, serenidad, dinamismo, capacidad de mando y heroísmo demostrado en la hora decisiva” (Fidel), perdió el latido del corazón, pero entró a latir en el corazón de los pueblos como referencia universal de sus luchas, en el camino hacia “las grandes alamedas”.
La conjunción de ese día y ese mes se tornó doblemente luctuosa a partir del año 2001. Para los pueblos, los revolucionarios y los humanos de buena voluntad del mundo duele desde 1973, como herida que no sangra pero que no cesa, la caída de Chile, sus multitudes que fraguaban la esperanza mayor labrada allí desde los días de San Martín y O’Higgins, su presidente Allende inmortal y la dignidad de su cultura, en la aberración sin nombre del fascismo, del cual no termina de salir, pues aún permanece como sombra de su condicionada democracia. Para la humanidad toda, incluida aquella parte a la cual la tragedia chilena importa poco o más bien causa regocijo, y exceptuando sólo a los oscuros u oscurecidos autores, duele así mismo lo ocurrido en Nueva York, bajo sospecha porque vino al pelo como pretexto encubridor de una política de agresión, genocidio y rapiña que iguala en el plano de la maldad a Hitler y los nazis.
Prosigo refiriéndome al dolor proveniente del Sur tras el primer intento de acometer una revolución democrática y pacífica, antecedente inmediato de la nuestra.
Se ha tildado de ingenuo a Salvador Allende debido a ese designio de “asaltar el cielo” para realizar “una revolución sin fusiles”.
Desde luego, es cierto que en Chile, como en casi cualquier otro lugar, todo estaba organizado por y para las clases dominantes bajo coyunda imperialista. Pero es cierto también que la historia chilena se singularizaba en el Continente por la regularidad de su vida civil, con poca intervención de los hombres de armas y con muchas iniciativas que la hicieron primera en organización de la clase obrera, la cual se desarrollaría unida bajo la conducción de Luis Emilio Recabarren y, tras algunas divisiones, recuperaría la unidad en la Central Única de Trabajadores, cuya plataforma contemplaba como objetivo el socialismo; primera en legislación democrática, electoral y social, así como en la  calidad de su educación laica y obligatoria (todo eso perdido bajo el pinochetismo); primera en la acción civilizadora del ferrocarril; primera en la proclamación de ¡una República Socialista!, tras sublevación encabezada por el coronel Marmaduke Grove y el dirigente gremialista Eugenio Matte, 4 de junio de 1932, experiencia que duró apenas doce días y trató de aplicar un programa de 50 puntos bajo la consigna de “pan, techo y abrigo”, y que había sido, tras su propia caída, la última intervención militar en la vida política del país (el joven de Valparaíso la apoyó); única en América con un Gobierno de Frente Popular, como hemos visto; la de mayor tradición de vida cultural de primer orden, fundada por Andrés Bello y erguida en las cumbres de sus dos premios Nobel de Literatura, Gabriela Mistral y Pablo Neruda.
La maduración de la Unidad Popular, asentada en esas tradiciones, pedía la revolución, y Salvador Allende, forjado como revolucionario, procuró echarla a andar y “sobrepasar el Estado burgués”. El imperialismo y la oligarquía dieron al traste con ella, pero la acción fue válida y su ejemplo renacerá un día de éstos en Chile –o ha comenzado ya– y es componente espiritual de la Revolución Bolivariana.
La cual, pacífica y democrática también, tiene los fusiles de su lado, porque su fuerza castrense –gracias al liderazgo catalizador de Hugo Chávez, bien representado hoy por Nicolás Maduro–, ha recuperado su original conciencia patriótica y libertadora y reconocido su condición de pueblo en armas. La unidad civil-militar, niña de los ojos de nuestro proceso, es la garantía de que no habrá entre nosotros un once de septiembre chileno, pues el que intentaron adelantar en abril recibió su merecido con un trece contundente. Y así será de nuevo, si... 

viernes, 6 de septiembre de 2013

ANDANZAS IMPERIALES Por Freddy J. Melo


Andanzas imperiales

                                                                                                                                               Freddy J. Melo

            Torpedear la unidad –dividir para reinar– ha sido la invariable política de Washington para quienes moramos al sur de sus malhabidas fronteras, puesta en marcha aun antes de la derrota de España y manifiesta en las disposiciones y manejos de su 5° presidente, el inefable James Monroe (1817-25). Apoyándose en oligarquías apátridas y utilizando los cañones y los negocios ventajistas, el naciente imperio de nuevo tipo se convirtió en un ente dominante más agresor, invasor, opresivo, alienador y rapaz que el abatido en Ayacucho y cualquier otro. Creo oportuno recordar algunas de sus intervenciones en nuestros predios.

         1818-21: Anexión de la isla Amelia, que había sido liberada de España y declarada República de Las Floridas. 1823: “Doctrina Monroe” (“América para los americanos”, por supuesto, del Norte). 1826: Boicot del Congreso de Panamá (entente Monroe-Santander). 1835-48: Cercenamiento de más de medio México. 1855-60: William Walker, “héroe” gringo, invadió Nicaragua y se declaró “presidente”; restableció la esclavitud; el pueblo hondureño lo fusiló en 1860.

1898: El ya plenamente configurado imperialismo crea un “casus belli” (voladura del Maine) para intervenir en la guerra independentista cubana, frustrar el triunfo de los patriotas y apoderarse del botín: Puerto Rico, Filipinas y Guam como colonias y Cuba como semicolonia y seudorrepública hasta el 1° de enero de 1958.

1902-03: Bloqueo europeo a Venezuela, EE.UU. se le suma. 1903: Secesión de Panamá –oligarquía cómplice– para el Canal. 1904: Constitución “nacional” panameña, con derecho de intervención gringa; comienza construcción canalera; se crea una “escuela” de dictadores. 1904: Primer desembarco en la República Dominicana. 1906: Otro desembarco en Cuba. 1907-1940: Cobro de los impuestos aduaneros en República Dominicana. 1908: Nueva intervención en Panamá. 1908: EE.UU maquina el golpe de Juan Vicente Gómez. 1910: Tercera intervención en Nicaragua. 1912: Ocupación de Nicaragua hasta 1925; el presidente Taft (1909-13) declara: “En virtud de nuestra superioridad racial, el hemisferio completo será nuestro de hecho, como es ya nuestro moralmente” (el patio trasero). 1914: Bombardeo naval de Veracruz (México). 1915: Ocupación y martirio indefinido de Haití. 1916: 3ª intervención en República Dominicana, 8 años ocupada. 1919 y 1923: Asesinatos inducidos de los revolucionarios Emiliano Zapata y Pancho Villa.

            1924: Invasión de Honduras. 1926: Nueva ocupación de Nicaragua; Sandino inicia su lucha en las montañas. 1927: Primer bombardeo aéreo gringo contra la América Latina, en la Nicaragua combatiente. 1933: EE.UU. es expulsado de Nicaragua por el ejército del pueblo, pero deja el país en manos de Somoza y la Guardia Nacional. 1934: Asesinato de Sandino mediante trampa criminal. 1948: Imposición del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). 1954: Invasión de Guatemala y derrocamiento del presidente patriota Jacobo Árbenz: décadas de violencia y terror con saldo cercano a 200.000 muertos y extrema pobreza del pueblo.

Desde 1960, asedio a Cuba: Guerra económica, sabotaje, bombardeos, Playa Girón, intentos de magnicidio, satanización mediática, infamias sin fin. 1965: Nueva invasión a República Dominicana para aplastar la rebelión patriota liderada por Francisco Caamaño Deñó. 1966: Tropas para la contrainsurgencia en Guatemala. 1967: Persecución, captura y muerte del comandante Che Guevara. 1973: Derrocamiento y muerte de Salvador Allende, fascismo en Chile. 1976: Fascismo en Argentina, “Operación Cóndor”, robo de niños. 1980-92: Patrocinio del fascismo en la guerra civil de El Salvador: 75.000 victimados, entre ellos el cristiano auténtico monseñor Romero. 1981-90: Guerra de los “contras” en Nicaragua, organizada, entrenada, armada y pagada por los Estados Unidos: costó 38.000 vidas, retroceso en la alfabetización y los demás programas sociales y atroz empobrecimiento del pueblo. 1982: Guerra de las Malvinas, el TIAR se hizo trizas por la traición gringa. 1983: Invasión de Granada y asesinato del líder popular Maurice Bishop. 1989: Invasión a Panamá para capturar a Noriega, exagente CIA: destrucción de barrios y más de tres mil bajas civiles. 1990: Abierta intervención en las elecciones de Nicaragua. 2000: Se lanza el Plan Colombia, contra cualquier intento de independencia y soberanía.

2001 hasta hoy, Revolución Bolivariana: Satanización, paros patronales, golpe de estado, golpe petrolero, paramilitares, guarimbas, planes magnicidas y otras perlas. Desde 2006: Asedio contra los gobiernos avanzados de Bolivia, Ecuador y Nicaragua y presiones contra los demás regímenes progresistas del Continente. 2009 y 2012: Golpes en Honduras y Paraguay, ambos dirigidos contra la Alba y la unidad nuestramericana.

        En el tintero quedan ristras de gobiernos derrocados, dictaduras y “democracias” asesinas, ladronas y cipayas impuestas, represiones en masa,  líderes populares eliminados, bases militares y la 4ª flota.

        Y así sus andanzas por el mundo: Siria la actual víctima, bravía patria a la que auguramos victoria. 

viernes, 30 de agosto de 2013

GOBIERNO BOLIVARIANO ATIENDE LA COMUNIDAD DE EL HATILLO


Gobierno Bolivariano desde la Presidencia de la República atiende a la comunidad
Obra por derrumbes en Turgua, EL Hatillo, está avanzada en más de un 75%
Credito: Fundación Propatria

Hace ya un año que se produjo el primer derrumbe en la zona de Turgua en el Municipio el Hatillo. Desde el mismo día de la emergencia el Gobierno Central atendió a esta comunidad, que por su condición social nunca han sido de importancia para el Gobernador de Miranda o el Alcalde del Hatillo.
Mas de 150 mil metros cúbicos de material se desprendieron y en aquel momento 32 familias perdieron sus viviendas. Desde el mismo momento en que esto ocurrió el Camarada Elias Jaua se encargo de la solución. Se aprobaron entonces 57 millones de bolívares para hacer los trabajos de estabilización del talud. Estos trabajos se detuvieron en diciembre por un nuevo derrumbe.
Hoy la obra está avanzada en más de un 75% y se han colocado más de 150 pilotes de un total de 220. Se construyó una pasarela para evitar el cierre del paso peatonal y se han ubicado ya 32 familias que perdieron sus viviendas.
Las imágenes exhibidas arriba, muestran las magnitud del derrumbe y al final se observan los trabajos realizados por el Gobierno Bolivariano.

Queda demostrada entonces la vocación de atender a las comunidades, por parte del Gobierno Bolivariano. También queda en evidencia la pobreza de los argumentos de la derecha, al ver a sus candidatos o representantes decir que el paso tiene un año cerrado, ignorando el segundo derrumbe o la complejidad de la obra nos demuestra que la ignorancia voluntaria reinante en la derecha venezolana crea una banalización d ela política que los sectores de la izquierda que apoyan la gestión Revolucionaria lo perciben y cada vez que tenemos procesos eleccionarios lo ratifican.
Desde la Fundación Propatria aseguran que "seguiremos atendiendo a las comunidades porque entendemos el legado dejado por el Líder Supremo de la Revolución. Seguiremos en nuestra institución atendiendo con alta capacidad técnica y una formación política firme a todas las comunidades olvidadas por años y algunas olvidadas ahora por quien debería atenderlas como es el caso del “Gobernador” de Miranda."

jueves, 29 de agosto de 2013

SOLO LA UNIDAD Por: Freddy J. Melo

Solo la unidad                  
Freddy J. Melo                                                                                                                 
Insistimos sobre el tema de la unidad, esa niña de los ojos de todos los procesos liberadores y, por supuesto, de Bolívar y Chávez. Y aunque viene ahora a propósito de las elecciones de diciembre, su filo, valga la redundancia,  apunta mucho más allá, hacia todas las victorias estratégicas de nuestra marcha de pueblo. Creo necesario repetir que la unidad es una necesidad vital para el proceso revolucionario.
Vital para defenderlo, para consolidar lo ganado, para avanzar hacia nuevas conquistas populares, hacia el desarrollo del Estado democrático y social de derecho y de justicia, hacia las auroras socialistas planteadas y con camino andado que no se puede torcer.

Vital para mantener incólume y acorazado su carácter pacífico y democrático, que el enemigo busca siempre furiosamente romper pues reconoce en él un formidable escudo legitimador.
Vital para superar los conocidos problemas que se confrontan en las áreas de la acción gubernamental y la dirección política, y para derrotar la corrupción y el burocratismo de viejo y de nuevo cuños, así como el reformismo y el quintacolumnismo.

Vital para hacer cada vez más efectiva la inclusión de los excluidos, la articulación, organización y concienciación del pueblo como nuevo bloque de poder revolucionario, constituido por los estamentos sociales fundamentales en sus expresiones civiles y militares, seglares y eclesiásticas: obreros, campesinos, capas medias, personas en condición de subempleo y desempleo, empresarios nacional y socialmente motivados. La esencia revolucionaria del proceso reside en la creciente capacidad de participación protagónica del pueblo, organizado y consciente de las tareas históricas a cumplir.
Vital por la magnitud de las fuerzas que enfrentamos: el bloque de poder tradicional, que con la capacidad alienante de sus medios ha logrado captar a un sector popular importante y no vacila en recurrir al fascismo, y el hegemón imperial, que diseña, dirige y financia en gran medida la conspiración desestabilizadora permanente y los recurrentes intentos de dar violentamente al traste con la revolución y las esperanzas de liberación de nuestro pueblo.

Vital, en fin,  para potenciar la política que busca desligar del fascismo a la porción democrática que se supone existe en la oposición y tender puentes hacia el sector popular alienado, cuyos intereses sociales son afines a los del proyecto bolivariano y no a los del bloque sociopolítico históricamente dominante.

La unidad, en las condiciones de la Revolución Bolivariana, se configura como unidad general del pueblo, cuya consolidación exige: unidad consciente de la clase obrera, unidad civil-militar, unidad del movimiento popular, unidad de la dirección revolucionaria y unidad de todos con el nuevo líder del proceso.
a) La unidad general del pueblo ha tenido avances impresionantes gracias a la acción magistral del presidente Chávez; pero requiere desarrollar sus articulaciones internas y profundizar su concienciación política, y presenta la debilidad inherente a una clase obrera que sigue desunida y con insuficiente nivel de conciencia.

b) La unidad civil-militar se consolida gracias a los lazos que se han venido estableciendo entre Pueblo y Fuerza Armada.
c) La unidad del movimiento popular (el conjunto de quienes luchan día a día por los objetivos del pueblo) es tarea que no ha podido resolverse a cabalidad y cuya necesidad es cada vez más imperiosa, pues le corresponde el papel de vanguardia organizada para coadyuvar a la unidad de la clase obrera, la unidad general, la unidad civil-militar y un desarrollo crecientemente fluido del liderazgo, en función del logro de los objetivos revolucionarios.

d) La unidad de la dirección revolucionaria es el presupuesto de la unidad del movimiento popular, es una tarea de gran necesidad en función de construir la vanguardia de nuevo tipo que se necesita. Una dirección unitaria, unificadora, democrático-participativa, orgánica y coherente, que viene construyéndose y tendrá que construirse al calor de los conflictos sociales.
e) Sólo la unidad puede asegurar la victoria del pueblo.

SIRIA: víctima del imperialismo global


 
SIRIA: víctima del imperialismo global  
Por Coordinadora Simón Bolívar 

Comunicado sobre la posible invasión al pueblo de Sirio por las potencias occidentales

 Es el Pueblo sirio quien padece actualmente el rigor de las nuevas guerras imperialistas, donde, cuando no funciona los sobornos a los gobiernos de turno para que entreguen dócilmente las riquezas de sus Naciones, se le tildan de dictadores, terroristas o narcogobiernos; utilizando para ello, inicialmente, todo su arsenal de la mal llamada información, creando en los espectadores, a cientos de kilómetros de distancia, la sensación de un estado de peligro proveniente del país en cuestión.

Una vez creado el escenario virtual en las mentes de millones de ciudadanos a escala planetaria, financian a ejércitos de mercenarios, muchas veces conformados por los propios nacionales del país a intervenir, con el objeto de desestabilizar el orden existente en dicho país, atacando directamente al sistema de gobierno y muchas veces cometiendo actos terroristas para culpabilizar a sus gobernantes principales.

Con ello promueven guerras fratricidas, donde se “ahorran” los muertos de sus propios ejércitos, e “invirtiendo” a aquellos que no se dan cuenta lo horrendo que es traicionar a la Patria y matar a sus propios hermanos.

Son Al Qaeda, el gobierno de Israel, el de Arabia Saudita y los miembros de la OTAN, los principales colaboradores de los EE.UU. en estos perversos planes diseñados por la CIA, que pasan por el entrenamiento, financiamiento y dotación de armas a los rebeldes mercenarios. No ha de extrañarnos ni sorprendernos lo horrendo de tal fin, si fue la misma Al Qaeda la entrenada, conformada y posteriormente contratada por la CIA,  para realizar el auto-atentado de las Torres Gemelas, el 21 de septiembre de 2001.

Es Siria, hoy, el objetivo del imperio: EE.UU.-OTAN.

El imperio no es una Nación, no es un solo gobierno. Es una red, un sistema terrorista de dominación, genocidio y saqueo a escala planetaria, que busca adueñarse de las riquezas naturales de los países más vulnerables militar y socialmente, y que no responden a sus intereses político-económicos y energéticos.

Este sistema imperial utiliza métodos tan refinados como lo son las tecnologías de la comunicación, la industria de la producción de alimentos y el sistema bancario sionista… Pero también métodos tan atroces como el terrorismo, los bombardeos (dizque) selectivos, los ataques biológicos y  químicos, y las guerras neocolonialistas.

En Siria ya van por esta última fase, con el uso de la guerra para derrocar a un gobierno que no se rindió ante el poder del dinero para entregar las riquezas de su pueblo al imperio. En Siria, el imperio va a rematar a un pueblo que resiste con dignidad. Van a bombardear a niños, ancianos, población civil totalmente desarmados e inocentes… van a destruir las escuelas, los hospitales, los museos, los ancianatos, a comunidades enteras… van a exterminar, nuevamente, a una cultura milenaria del planeta.

Hacen en el Medio Oriente lo que no pueden en América Latina.

En nuestras latitudes habían venido aplicado la primera fase de su intervencionismo, como lo es el soborno, o el “influir por debajo de la mesa”, a los gobernantes de turno. Esta relación de subordinación gubernamental ante el imperio, aunque siempre fue combatida por los pueblos, no fue hasta el ascenso de Hugo Rafael Chávez Frías a la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, que comenzó a ser combatida desde las instancias del mismo gobierno. Chávez fue voz del movimiento popular y revolucionario antiimperialista de América Latina y del mundo. Y fue él, a través de sus políticas estratégicas, que logro impulsar y consolidar todo un bloque de izquierdas en la Región que enfrentara las políticas de dominación imperialista.

Pero ¿Qué hacer como un ciudadano común en contra del Imperialismo?

Ante todo debemos salir de nuestra propia y mental “Zona de Exclusión” ideológica y cultural, donde permitimos, e incluso colaboramos con el enemigo, para que nos bombardeen con sus antivalores y sus patrones consumistas. Dejemos de consentir que el ataque se realice en nuestros propios hogares, a través de nuestros televisores y sus “programaciones” que persiguen inculcar el odio y la violencia, y nos enseñan a rechazar al débil y defender al opresor. No permitamos que el enemigo nos insulten al oído, escuchando su música de laboratorio, alienante y degradante de nuestros valores. Neguémonos de participar en su adoctrinamiento cuando pagamos por sus videojuegos que entrenan a los más jóvenes para una guerra fratricida.

Demos un paso al frente en la organización popular y colectiva: organicemos o fortalezcamos los colectivos existentes para la lucha popular revolucionaria antiimperialista; contrastemos la información proveniente de diferentes medios; y preparémonos en las estrategias y tácticas de las guerras asimétricas a favor del Pueblo y en contra del imperialismo y sus intereses en nuestro suelo patrio.

¡No al intervencionismo Imperial en Siria!

¡Bolívar Vive! ¡La Lucha Sigue!

Coordinadora “Simón Bolívar"

domingo, 25 de agosto de 2013

DESEAR LA COMUNA Por Reinaldo Iturriza L

Desear la comuna

Reinaldo Iturriza López

El 10 de agosto de 2012, hace poco más de un año, se registró la primera comuna en Venezuela. Eso ocurrió en el municipio San Francisco del estado Zulia. “Gran Cacique Guaicaipuro” lleva por nombre la comuna que también se llevó los honores.

 Pero no fue sino hasta después del célebre “Golpe de Timón” del Comandante Chávez, aquel 20 de octubre, que se aceleró el proceso de registro: dos en noviembre, nueve en diciembre, veintiséis en enero de 2013. En adelante sobrevino un lento pero sostenido declive, sin duda determinado por las urgencias políticas que nos tocó enfrentar y superar, hasta que en junio pasado, en pleno gobierno de calle, comenzamos a remontar: trece registros, veinticuatro más en julio…

Al día de hoy, la cantidad de comunas registradas asciende a ciento tres. Esto es, comunas “reconocidas” por el Gobierno bolivariano. Pero además (y ésta, como la anterior, es una cifra que crece sostenidamente), existen trescientas setenta y siete comunas llamadas “en construcción”. Por último, hemos identificado al menos cuatrocientos nueve casos adicionales de pueblo organizado que ha manifestado su voluntad de constituirse en comunas.

 Los que sacan cuentas ya lo saben: entre todas, estamos hablando de ochocientas ochenta y nueve trincheras desde las cuales se batalla para construir nuestra muy singular, irrepetible y “topárquica” versión de socialismo. Y tenga usted por seguro que hay más: lugares a los que no hemos llegado todavía, experiencias que no hemos conocido.

 Ahora bien, más allá de los números, indispensables para guiarnos, están las historias. La gente de carne y hueso.

 Contar la historia de las comunas es contar la historia del chavismo, le comentaba hace algunos días a Carola Chávez, con quien he conversado en extenso sobre el asunto. No es posible entender por qué una porción de la sociedad venezolana ha decidido organizarse en comunas si no somos capaces de identificar la singularidad histórica del fenómeno chavista.

 En estos días difíciles, en que afloran temores e incertidumbres, es oportuno recordar uno de los signos distintivos del chavismo: si lo normal de las sociedades es resistirse al cambio, lo que define al chavismo es su resistencia a conformarse con más de lo mismo. El chavismo es un sujeto político beligerante, cuya cultura política está profundamente reñida con la resignación.

 En nuestras sociedades capitalistas contemporáneas se impuso un sentido común, que se expresa de múltiples formas: no hay nada más allá del capital. Uno de los éxitos indiscutibles del capitalismo es haber persuadido a millones de personas en todo el mundo, y en particular a los más jóvenes, de que luchaban por su “superación” personal cuando de hecho estaban declarándose vencidos y resignados.

 El capital, que a la hora de autorreproducirse no conoce de límites ni de fronteras, construye sin embargo una sociedad donde no hay horizonte más allá de sí mismo, no importa si pone en serio riesgo la supervivencia de la especie humana. Dentro del capitalismo todo es posible, a condición de que todo sea posible para unos pocos, y de que los muchos no tengan nada. Todo es posible, sí, pero no para los invisibles, porque ellos no cuentan, porque ellos no entrarán a la historia, porque la historia es lo que sucede a pesar de ellos, de su existencia insignificante.

 En el capitalismo la “superación” personal es en realidad el sálvese quien pueda. La competencia desalmada. El egoísmo. Nada de libre desarrollo de la personalidad, porque la personalidad sólo se desarrolla plenamente en colectivo, con el otro, con los comunes.

 Volviendo sobre lo central: puede que esta revolución no se parezca a las revoluciones de libritos de autores europeos que nos leímos como cartillas. Pero cuando uno tiene el extraño privilegio histórico de ver cómo un pueblo aparece; cómo se estremece y moviliza; cuando uno ve un pueblo renuente a resignarse; cuando uno ve a un pueblo votando “locuras” como la construcción del socialismo bolivariano o la preservación de la vida en el planeta, uno sabe que está en presencia de una revolución.

 Cuando una parte del pueblo chavista expresa su deseo de organizarse en comunas es porque, para decirlo con Óscar Varsavsky, ha desarrollado un nivel de conciencia tal que no se resigna a la tendencia más probable. En cambio, está apostándole a construir “futuros más deseables”.

Acompañar este extraordinario proceso de construcción de comunas significa al menos dos cosas: en primer lugar, crear las condiciones para que cada vez más pueblo desee agruparse en comunas. La comuna no será una realidad que se imponga ni habrá comuna aérea que valga. Ella debe ser un anhelo, una necesidad incluso. La comuna no es otra cosa que la oportunidad de vivir mejor, de vivir una vida que nos guste, que merezca la pena ser vivida. Por eso la construcción de comunas está estrechamente asociada a una de las doce líneas de trabajo que definió nuestro presidente Nicolás Maduro: “Impulsar una revolución cultural y comunicacional”. Hay que vencer el sentido común capitalista, sinónimo de resignación y pueblo vencido, allí donde se exprese.

 En segundo lugar, este proceso nos exige, siguiendo con Varsavsky, hacer de ese futuro deseable por nuestro pueblo un futuro viable. Porque sabemos de sobra que deseos no empreñan. Hay que arremangarse la camisa y trabajar incansablemente para que la nueva sociedad termine de nacer. En este punto el imperativo continúa siendo: reducir progresivamente la distancia entre institucionalidad y pueblo organizado. Apurarnos para caminar al ritmo del movimiento real.

 En esa andamos.

* Reinaldo Iturriza López es Ministro del Poder Popular para las Comunas

jueves, 22 de agosto de 2013

UNA GRAN PELICULA Por Freddy Melo


Una gran película

Freddy J. Melo

         Verdaderamente es digno del calificativo el filme de Luis Alberto Lamata que acaba de estrenarse, aunque debí soportar, junto con mi esposa y una hija, la ingrata sensación de presenciarlo en una sala comercial semivacía del Este  caraqueño. Una buena porción de la gente que en esa zona vive, al parecer víctima incurable de disociación psicótica, se niega a ver en la pantalla al mayor de los nacidos en estas latitudes. Pobre de ellas y ellos, que hubieran sido partidarios de Fernando VII como lo son ahora del imperio norteño. Lo que no obsta para que sus desaprensivo(a)s líderes y lideresas se hayan atrevido a usar el nombre egregio para su último comando de campaña electoral.

Si aquel fue solo un hecho de circunstancia y en lo sucesivo ha aumentado la afluencia –nunca esperable como para Superman, Batman o alguno de los bodrios sangrientos que suele servir Hollywood– presento mis excusas.

El filme abarca apenas un año de la vida libertaria de Bolívar, tan pródiga que asombra al mundo ver cómo en una elipse existencial de menos de cinco décadas dejó un imperio roto, un puñado de patrias a disposición de sus hijos y una lección paradigmática capaz de seguir orientando la lucha de los pueblos. Muchas otras películas caben en el curso de esa vida, y en los momentos coinciden tres, dos de las cuales pendientes de exhibición.

El año narrado es el transcurrido entre marzo de 1815, cuando derrotado y sin recursos llega a Jamaica procedente de Cartagena, y los meses iniciales de 1816, con la denominada primera expedición de Los Cayos.

En Jamaica ocurren, entre otras, cuatro cosas muy importantes: El desengaño sobre la posibilidad de ayuda de Inglaterra; la salvación (esto es literal, estuvo a punto de quitarse la vida antes que sufrir el deshonor) gracias a una mujer (todas cuantas amó son parte inseparable de su obra), la bella dominicana Julia Cobier; la Carta grandiosa (fechada el 6/9/15), y la sobrevivencia al conocido intento de asesinato del que resultó víctima un amigo. Partió de Jamaica (18/12/15) con intención de volver a Cartagena, pero viró rumbo a Haití en busca de ayuda del presidente Petión.

Este grande hombre conoce la trayectoria del Libertador, lo admira y lo ayudará con la sola condición de la supresión de la esclavitud, que Bolívar en lo personal comparte, aunque sabe de la dura oposición de la oligarquía.

El momento clave en Haití, primera república independiente en nuestra América y a la sazón única de su condición étnica en el mundo, es la Asamblea de Los Cayos, donde los principales generales patriotas que también habían llegado de Cartagena discuten a Bolívar la jefatura de la expedición. La intervención del Presidente, más la de Brion, quien sería designado almirante (y a quien Bolívar llamaría tiempo después “el primer protector de América”) resuelve el diferendo. Como tenía que ser, pues ninguno de los otros poseía al unísono los atributos de caudillo militar, jefe político, hombre de sólida cultura e ideólogo revolucionario. No lo veía así entonces el bravo Mariano Montilla, retador, perdedor y perdonado.

La expedición partió de puerto haitiano (31/6/16) con seis goletas (en la película se muestra solo una). Se presenta una batalla triunfal, con el abordaje del bergantín español “El Intrépido”, en la que toma parte Pepita Machado, otra importante amada de Bolívar.

En la película se crea un personaje (parece que extraído de alguna mención no común) como contraparte de Bolívar o representante de la España perseguidora. Es “el Polaco”, estupendamente encarnado por Jorge Reyes.

Como estupendas son las actuaciones de los actores y actrices todos –no  puede excluirse de la mención Roque Valero– en diálogos y situaciones muy cuidados. Y estupendos sonido, color, encuadre, dirección.

Los venezolanos en general parecemos estar en deuda con nuestro cine. Que a estas alturas ya se ha alargado los pantalones y merece el respaldo de su público. Me permito felicitar calurosamente a Luis Alberto Lamata por esta entrega –sin desmedro de otras suyas muy valiosas–, que nos llena de emoción de patria. Y exhorto a los compatriotas, a todos quienes se sientan consustanciados con el gentilicio, a no dejar de ver la película, con un Bolívar que es un hombre como cualquiera y al mismo tiempo el vencedor de dificultades que enseña a luchar para hacer realizables las utopías.

domingo, 11 de agosto de 2013

Los “socialismos hermoseadores” o reformismo


Los “socialismos hermoseadores” o reformismo

Freddy J. Melo

 

Nuestra revolución bolivariana asienta sobre el sólido fundamento de la democracia participativa y protagónica su perspectiva de triunfo en el proceso nacional-liberador y socialista. Sólido para enfrentar al poderoso enemigo, en cuya panoplia no son las menos peligrosas las armas de la insidia, jugadas en lo interno, algunas quizá sin plena conciencia de culpa. Burocracia, corrupción, reformismo, quintacolumnismo. Me referiré a la tercera.

En el curso del desarrollo del capitalismo el gran problema de la burguesía y sus adláteres es el de no poder salirse del ámbito de la mentira, pues hasta cuando manejan verdades ellas van inevitablemente inscritas en un espacio mayor de falsedad.

Se trata de una condición de hierro presente en la historia desde la división de la sociedad en clases, obligados los sectores dominantes a tejer leyendas justificativas de los privilegios creados a partir del despojo de las mayorías, y a construir modos de pensar y actuar que a través de mil efectos mediatizadores pasan a ser de corriente o general aceptación, pero sin poder evitar que ojos zahoríes los descubran, denuncien y forjen las materias primas conceptuales, cada vez más perspicaces, de las luchas liberadoras.

En el terreno de la política las clases dominantes han mentido a placer, tramando “constructos” ideológicos y organizativos destinados a conjurar los sueños de justicia de los explotados, mas no han podido detener las revoluciones cuando ellas han sido amasadas por los pueblos. Dentro de esos constructos revisten especial importancia los dirigidos a mellar el filo revolucionario del socialismo científico fundado por Marx y Engels, coincidiendo en el cambio de la idea de “revolución” por la de “reforma” y el batido de ambas hasta volverlas confusas y antitéticas.

Desde luego, como he dicho en otro escrito, las reformas para cambios sociales sustantivos son revolucionarias y nada tienen de “reformismo”. Las reformas son “reformistas”, valga la expresión, cuando apuntan a sostener el orden de explotación existente, mediante modificaciones cosméticas o “gatopardianas”, que no tocan los aspectos o problemas esenciales. Frente a las tesis marxistas el reformismo surgió en calidad de “interpretación” o de “revisión”, manteniendo como objetivo declarado el socialismo, pero sin dar un paso positivo, cierto, hacia la superación del capitalismo.

Ir al socialismo mediante la “extensión de los derechos civiles”  y el “sufragio universal”, lo cual establecería una mayoría de trabajadores que “obligaría” a los cambios, “hasta llegar a la sociedad de iguales”; o bien combinando la acción legislativa con las luchas sindicales y la democracia formal; o lográndolo a través de la “democracia pura”, la conquista parlamentaria del Estado y el “convencimiento de la burguesía”; o mediante reformas que producirían “la evolución gradual de la sociedad”: planteamientos como esos, que en ciertas condiciones hubieren podido representar retos efectivos al capital, no fueron, de manos de quienes en la segunda mitad del siglo XIX fundaron el reformismo y el revisionismo –los alemanes Fernando Lasalle y Eduardo Bernstein, el austríaco Carlos Kautsky, los ingleses Sidney y Beatriz Webb, entre otros–, sino un modo de frenar las transformaciones revolucionarias, salvar a sus capitalismos nacionales, participar en sus guerras interimperialistas y dividir y desorganizar a “sus” clases obreras.

De allí devino un proceso crecientemente degenerativo de la socialdemocracia. Un curso similar seguiría el llamado socialcristianismo. Tales propuestas buscaban y buscan en realidad llevar a la mente de los explotados la idea de que se puede “resolver el problema social” dentro del capitalismo, acicalando aquí y allá, tratando de hacer más atractiva la faz del sistema. Son los denominados “socialismos hermoseadores”.

Los cuales, bien mirados, constituyen un homenaje asustado de la burguesía, de sus intelectuales y teóricos propios y pequeñoburgueses agregados, al poderío de ese concepto; un reconocimiento a la pertinencia de las ideas de cooperación y ayuda mutua, solidaridad, amor, igualdad, justicia, soberanía popular real, democracia en profundidad, libertad sin necesidad, construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados, etcétera; un intento de adueñarse de la capacidad de esperanza y sueño que el socialismo representa para las masas desposeídas; una pieza más de la gigantesca organización de la mentira con que el sistema capitalista, en todas sus expresiones, ha venido gobernando al mundo

 

jueves, 17 de enero de 2013

NO PODRA MORIR


No podrá morir

 Freddy J. Melo

La oposición existente en el país, obligada por los hechos a batirse en el terreno democrático –siempre, por supuesto, con su plan B bajo la manga–, es un modelo de fijación borbónica, la condición irremediable con que alguna vez tratara de estigmatizar a la izquierda un conocido exintegrante de la misma. Se reconoce que no es uniforme en su composición, pero, a la hora de la verdad, en la acción sí lo es, no obstante su entreacuchillamiento. Porque quien fija la pauta es invariablemente el sector de extrema derecha, que semiocultó su fascismo bajo la máscara de la “democracia” puntofijista, y porque quienes pudieren desear el juego limpio han demostrado carecer de voluntad o de capacidad para abrirse camino. Veamos, pues, a esa oposición como un todo y recordemos algunos botones de muestra de su accionar.

El primer lugar lo ocupa su oposicionismo: Actúa por reacción, de modo automático ataca cada política revolucionaria, sin conocimiento o análisis previo ni racionalidad, y luego lucubra las justificaciones sobre base de medias verdades y mentiras goebbelsianas. Se trata, en otro plano pero con la misma intención, de una práctica de la “doctrina” betancourista de disparar primero y averiguar después.

El segundo corresponde a su violencia: Campañas alienantes de odio, difamación, demonización, golpes de Estado y petrolero, guarimbas y toda esa panoplia de sobra conocida. El hilo que los pega es la hipocresía.

Y pocas veces esa condición se ha revelado en toda su perversión como en ésta, cuando ante la enfermedad del Presidente dicen A (deseamos que se mejore), mientras todo el mundo observa la B detrás con su verdadera expresión, el innoble deseo sobre el cual fincan su esperanza sin fondo de recobrar el poder.

No es sólo el deseo: Vuelven los intentos desestabilizadores, tornan los efebos “manitas blancas”, parecen olerse miasmas de marca “paras”, se airean amenazas para el día 23 de enero y hay el tupé de negar al Gobierno legítimo, el cual se asienta en la voluntad popular “como sobre una roca” (Neruda) y es la continuidad multielegida de la gestión del presidente Chávez.

Chávez no podrá morir. El capitalismo no podrá sobrevivir.

domingo, 13 de enero de 2013

LAS COSTURAS Por Freddy Melo

Las costuras

Freddy J. Melo

Mientras Hugo Chávez Frías continúa librando su tremendo combate los oposicionistas ahondan cada vez más el foso que los separa del pueblo. Su característico desprecio a los sentimientos, opiniones e intereses de éste se muestra hoy en su mayor evidencia. Su problema no es cómo garantizar el cumplimiento de la voluntad popular, sino cómo encontrar subterfugios, trampas y recovecos leguleyescos para burlarla.
Se trata de una situación de esas que contribuyen a educarnos. Entre ellos hay quienes se autodenominan democráticos y se arrogan la condición de guardianes de la democracia, para los cuales lo que no se inscriba en el marco de sus formulaciones es “anti” de modo inexorable. Así mismo, y hasta ahora imprimiendo su sello, conforman ese bloque quienes no creen en zarandajas de ese tipo y lo suyo es fascismo abierto y violencia ilegítima.
¿Por qué es posible tal entente de fascistas y “demócratas”? Porque la cuestión de fondo hay que buscarla, no en el terreno de las ideas o las creencias, sino en el del interés clasista subyacente.
La democracia de ellos, bien denominada burguesa, posee una doble condición: contiene derechos y libertades que no son dádivas de la clase dominante sino conquistas arrancadas tras duras luchas por los explotados y oprimidos, y es ése su rasgo democrático; y traza límites, en la medida de la fuerza que detente, para minimizar o anular esos logros, sobre todo cuando siente en riesgo su dominio, y es ése su carácter burgués.
Y es precisamente por esto último por lo que la colusión oposicionista se ha producido. La Revolución Bolivariana retó su dominación y ellos han recurrido a toda clase de armas, en sentidos propio y figurado. Al diablo las poses democráticas. El pueblo ha recuperado buena parte del poder que los explotadores le habían arrebatado, y el complejo imperialismo avasallador-oligarquía desnacionalizada ha cometido todas las tropelías conocidas y busca ahora una rendija en el entramado constitucional, para usarla como pretexto de una nueva acción perversa. Sólo que la Constitución, de la mano del Pueblo –de paisano y en armas–, está blindada, y apoyándose en ambos también lo está el Gobierno.
Se ven aquí las costuras de la falsa democracia. No puede existir ésta realmente en una sociedad dividida en explotadores y explotados. Sólo el socialismo se propone superar esa división, y por consiguiente sólo con él la democracia verdad es posible, como sólo es posible el socialismo con la democracia verdad.
Entre tanto, feliz año de combate, para todos menos para el bloque imperialista-oligárquico, y ¡arriba presidente Chávez!

jueves, 20 de diciembre de 2012

NO HICIMOS EL TRABAJO Por Freddy J. Melo

No hicimos el trabajo
Freddy J. Melo

Venezuela se ha teñido de rojo rojito. Ha sido, desde luego, una gran victoria política, una apertura a la posibilidad de profundizar la revolución, de dar el salto hacia conquistas superiores, bajo la condición de que también puedan sobrepasarse globalmente (en los ámbitos del Gobierno y del Partido) las trabas burocráticas y el conformismo reformista.

No se trata de una victoria para enorgullecerse. Ni el PSUV ni las otras organizaciones del proceso deben dar pábulo a esa actitud, pues, bien mirado el asunto, es preciso darle la razón a la camarada Ismenia González, una notable militante pesuvista de El Hatillo. “No hicimos el trabajo”, dijo ella, y es verdad. No lo hicimos, no se ha hecho. Desde los propios comienzos las más lúcidas mentes revolucionarias, en primerísimo lugar la del presidente Chávez, han señalado que la tarea fundamental es la de iluminar la conciencia, la de educar ideológica y políticamente al pueblo para que su conexión emocional con el líder se convierta en fuerza material indestructible, inmune a cualquier circunstancia adversa y presta para tornarse invencible en su histórica empresa de transformar la sociedad.

En esa tarea corresponde a los concienciadores concienciarse también, en términos de mutuo aprendizaje con el pueblo, y en ella deben participar todos los colectivos partidistas y no únicamente secciones especializadas. Sólo así puede realizarse en forma cabal.

Este escribidor, ganado por aquel vital señalamiento, intentó recogerlo en un breve decir: “poner la conciencia al nivel del corazón”. No con la pretensión de proponer la frase como guía o consigna, sino sugiriéndola en calidad de pequeña contribución al esfuerzo que a todos nos toca.

Fidel Castro, iluminador esencial, nos advirtió hace tiempo, a propósito de un resultado electoral, que en Venezuela no puede haber cuatro millones de oligarcas. Desde entonces varios cientos de miles de compatriotas más, a veces millones, se han subido al carro de la oligarquía, ganados por los cantos de sirena alienadores y votando contra sus propios intereses. Eso significa batallas perdidas.

Nada justifica que a estas alturas la derecha pueda triunfar en tres entidades y lograr resultados estrechos en otras, ni tampoco la abstención tan abultada, indicadora de un nivel muy bajo de politización. No hemos podido reducir sensiblemente el déficit de conciencia, y la existente es mérito casi exclusivo de Hugo Chávez.

No nos envanezcamos. Victoria grande sí, “victoria perfecta” no. Con humildad hay que lanzarse en busca del tiempo perdido, valga la memoria de Marcel Proust. Perfecta será cuando hayamos rescatado las masas alienadas.

Y en pos de ello, Partido y Gobierno tienen que ponerse a la altura del líder llanero y alcanzar el tamaño del compromiso histórico planteado.

martes, 23 de octubre de 2012

Con Elías recuperaremos Miranda

ELÍAS CUENTA CON EL APOYO Y CONFIANZA DE CHAVEZ

ENTERRÉMOSLA


Enterrémosla

Freddy J. Melo

Los últimos careos electorales, no obstante la calidad e importancia del triunfo del 7-O, han evidenciado la existencia de un déficit de conciencia de clase en un apreciable sector del pueblo, lo cual convierte en tarea esencial la lucha contra eso, que pareciera, luego de 13 años de responsabilidades de dirección, serlo también de conciencia del deber social en una porción de revolucionarios. La aplicación de las erres exigidas por el Presidente –un ejercicio a fondo de crítica y autocrítica y el correspondiente mejoramiento en el quehacer y la acción de individuos, colectivos e instituciones–, es la vía que se abre en función de la respuesta necesaria.

En alguna ocasión, perdónese que lo rememore, señalé que la garantía de la victoria estará dada por la medida en que se forjen la conciencia socialista del pueblo, el carácter socialista del Estado y la capacidad de la economía socialista para satisfacer las necesidades de la gente; y así mismo, que la preservación de la condición pacífica y democrática del proceso exige acumular fuerzas suficientes para contener y manejar la violencia del enemigo histórico, que seguirá pugnando por romper esa condición. Tales conquistas sólo son posibles mediante la práctica y desarrollo de la más profunda democracia participativa y protagónica y la presencia de un liderazgo lúcido y unificador.

El balance nos indica que tenemos el liderazgo, pero en los demás aspectos, aunque hay avances y logros formidables, existen carencias y estancamientos que en una revolución pueden significar retrocesos y riesgos peligrosos.

A la profundización se interponen obstáculos de origen interno, maniobras de burócratas que defienden cuotas de poder. Al evidenciado déficit de conciencia se unen y son también expresión del mismo la ineficiencia, pesadez burocrática y corrupción de viejo y nuevo cuños supervivientes en un aparato estatal construido para la dominación y que hasta ahora no ha podido ser cabalmente revolucionado.

La superación de tal déficit implica correlativamente la superación del nuestro. Y ese proceso exige avanzar en la puesta de las palancas de la economía en manos de quienes producen la riqueza social y, necesario para ello, completar la transformación del Estado y establecer los mecanismos ad hoc para la participación popular en las funciones de planificación, ejecución y control de la gestión pública.

No más decisiones al margen de los trabajadores y de las comunidades interesadas, no más programas sometidos a la inercia, no más promesas incumplidas, no más jerarcas inaccesibles, no más alcabalas, enredijos burocráticos y burlas a la ciudadanía, no más cargas injustificadas sobre los hombros del Presidente. Enterremos por fin la cuarta república.

lunes, 15 de octubre de 2012

VAMOS A RECUPERAR MIRANDA CON ELIAS JAUA

CHAVEZ ENVIA UN HERMOSO SALUDO A LA JUVENTUD DEL PSUV

Presidente Hugo Chávez envía mensaje a la JPSUV con motivo a la victoria perfecta del 7-O

13.oct.2012 /
El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, envío una misiva a la Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela (JPSUV), en la que agradeció “la energía, la disposición, el compromiso, el amor desbordado por la patria que demostraron durante toda la Campaña Carabobo”.

En este sentido, destacó que la Juventud del PSUV asumió una vez más su compromiso inalienable con la Revolución Bolivariana, con plena conciencia de que el 7 de octubre estaba en juego la vida de la Patria.

El Comandante Presidente reiteró que la juventud “hoy tras la victoria perfecta: ésta es la mejor generación que ha pasado por esta tierra desde que el mundo es mundo. De victoria en victoria, Venezuela va con ustedes, 1821 renació en 2012”.

Recordó “las proverbiales palabras de Sartre, refiriéndose al Che en 1960: Puesto que era necesaria una revolución las circunstancias designaron a la juventud para hacerla. Solo la juventud experimentada suficiente cólera y angustia para emprenderla y tenía suficiente pureza para llevarla a cabo”.

Asimismo, el Comandante Presidente encomendó a la juventud a “darle continuidad a la victoria perfecta del 7 de octubre en las elecciones regionales del próximo diciembre”.

A continuación transcripción textual de la misiva del Comandante Presidente a la Juventud del PSUV:


Con este abrazo pleno de fervor revolucionario, quiero reconocerles y agradecerles la energía, la disposición, el compromiso, el amor desbordado por la patria que demostraron durante toda la Campaña Carabobo. En realidad y en verdad, la victoria perfecta del 7 de octubre pertenece al pueblo todo, pero, sin duda alguna, estuvo apuntalada por ustedes, muchachada de la Patria Buena y Bonita.

Como un mandato de la historia, la Juventud del PSUV asumió una vez más su compromiso inalienable con la Revolución Bolivariana, con plena conciencia de que el 7 de octubre estaba en juego la vida de la Patria. Ustedes se dieron por entero para conservar el bien más preciado que hemos conquistado tras 500 años de lucha y sacrificio: la Independencia Nacional. Junto al pueblo, cumplieron con el primer objetivo histórico del Programa de la Patria.

Lo dije a lo largo de Campaña Carabobo y se los reitero hoy tras la victoria perfecta: ésta es la mejor generación que ha pasado por esta tierra desde que el mundo es mundo. De victoria en victoria, Venezuela va con ustedes, 1821 renació en 2012.

Con el vigoroso impulso de la juventud, logramos vencer claramente no sólo a la derecha venezolana sino a la poderosa y siniestra maquinaria mediática y publicitaria que tuvo el adversario a su disposición. Pero, una vez más, no pudieron con nosotras y nosotros. No le fallamos y no le fallaremos nunca a la esperanza que tienen puesta en la Revolución Bolivariana los Pueblos de Nuestra América y del mundo.

Muchachas y muchachos del PSUV, mi alegría en esta hora se multiplica porque el domingo pasado, otra vez, estuvieron a la altura del reto, demostrando que esta generación, que la Revolución Bolivariana encontró apenas naciendo, se constituye hoy en nuestra mayor fortaleza en el camino hacia la Independencia definitiva. Todas las luchas que nos han definido históricamente se condensan en ustedes. En el fuego sagrado que alienta a la juventud, vive el ímpetu de la Patria perpetua, de la Patria socialista y liberada.

Quiero recordar con ustedes las proverbiales palabras de Sartre, refiriéndose al Che en 1960: Puesto que era necesaria una revolución las circunstancias designaron a la juventud para hacerla. Solo la juventud experimentada suficiente cólera y angustia para emprenderla y tenía suficiente pureza para llevarla a cabo. Inspirándome en Sartre, muchachas y muchachos, yo quiero decirles que la cólera, la cólera contra el viejo y el nuevo colonialismo, y la angustia de cada uno de ustedes, junto a la pureza suprema con la que asumieron su misión, contribuyeron decisivamente para que esta victoria popular se convirtiera en un hecho tan rotundo y luminoso.

Razón tenía André Gide: Si no tenemos el coraje de aspirar a la realización de una utopía, que en este caso es la socialista, realmente no tenemos razón alguna para qué vivir. Y vaya que ustedes son la mejor expresión de tan inmensa verdad: hicieron lo posible y lo imposible para que la vía venezolana al socialismo se convirtiera en nuestra más poderosa razón de vida. Ahora tenemos por delante el reto de seguir realizando nuestra utopía en el día a día.

Ya vamos alcanzando el futuro, muchachas y muchachos. Cuando las miro y los miro, veo el futuro hermoso que ya vive en ustedes. Y me plena la invencible certeza de que conquistaremos la suprema felicidad social como quería el Padre Libertador; de que nada ni nadie podrá detener nuestra marcha hacia el socialismo.

Pensando en los nuevos desafíos de la Revolución Bolivariana, los más inmediatos y los más lejanos, encuentro en ustedes el caudal inagotable de amor para afrontarlos. A ello hay que sumarle, el desarrollo permanente de la conciencia revolucionaria que va creciendo en cada joven de nuestro partido.

Para decirlo con Bolívar: lo que han hecho, muchachas y muchachos, es apenas un preludio de lo que van a hacer.

Cuento con ustedes para darle continuidad a la victoria perfecta del 7 de octubre en las elecciones regionales del próximo diciembre.

Entre ustedes, y cuánto se los agradezco, descubrí que hay un joven que aún palpita en mi alma: el tribilín aquel que ayer soñaba con un mundo mejor y que en este venturoso tiempo, junto a la fuerza rebelde y creadora de nuestra juventud, comienza a ver la encarnación de la Patria bolivariana y socialista. Un abrazo infinito de compañero, camarada y amigo.

Hasta la Victoria Siempre!,

Independencia y Patria Socialista!,

Viviremos y Venceremos!!.

… El futuro les pertenece.!!

jueves, 11 de octubre de 2012

EL CAMINO DE VENEZUELA

El camino de Venezuela
Freddy J. Melo

El resultado de la consulta del domingo pasado demuestra una vez más que Hugo Chávez Frías es el líder y la Revolución Bolivariana el camino de Venezuela. Todas las fuerzas contrarrevolucionarias de Europa, EE.UU. y América Latina, tensadas al máximo, prodigaron a sus “protegidos” vernáculos, provistos también de todos sus hierros, cuanto recurso mediático, político y financiero juzgaron necesario para frustrar el triunfo gubernamental, en un aquelarre de mentira e infamia que no por recurrente deja de asombrar el sentido de la decencia y la sindéresis.

No obstante, bajo la conducción de un jefe político que asentó de nuevo el poderío catalizador de su liderazgo, volvimos a ver la alegría y entusiasmo de las multitudes y se ratificó la convicción de que con ellas en acción consciente las grandes tareas planteadas se resolverán conforme a las posibilidades que encierran.

Recordemos el objetivo esencial: conquistar la mayor suma de felicidad posible para nuestro pueblo; y reafirmemos la conciencia de lo que esa aspiración nos exige sine qua non: realizar la liberación nacional, a fin de ser dueños de nuestro destino como país, y la liberación social, para serlo de nuestras propias vidas. Una y otra son consustanciales, no pueden realizarse por separado, e implican enfrentar y vencer al enemigo histórico, el bloque de poder imperialista-oligárquico, lo cual requiere a su vez forjar las armas de la unidad interna del pueblo, con sus clases y capas progresistas nucleadas alrededor de la clase obrera, y de la unidad continental bolivariana, para tornar invulnerables las victorias. En ese empeño nos encontramos, pero las dificultades son inmensas y no pocos los tropiezos.

Al respecto es preciso reconocer que la voluntad falsificadora de la oposición obtuvo dividendos otra vez. Como ha dicho Fidel y siempre se recuerda, en Venezuela no hay cuatro millones de oligarcas y por supuesto mucho menos seis. De modo que tenemos un déficit de conciencia de clase que permite a una ínfima minoría de explotadores –utilizando el correaje de la estructura pequeñoburguesa de politiqueros construida y reciclada en el curso de varias décadas– poner a su servicio para la acción política a una importante porción de los explotados. La culpa no puede ser imputable sino a nosotros mismos, los revolucionarios, tanto a quienes dentro o fuera del Gobierno no nos hemos esforzado en clarificar y acerar las convicciones, y debido a esa carencia no hemos estado en capacidad de ayudar a consolidarlas y convertirlas en fuerza material como patrimonio del pueblo, cuanto a quienes dentro del aparato gubernamental no han podido superar la maldita carga heredada de burocratismo, corrupción e ineficiencia, ni por consiguiente transformar el Estado burgués en uno de servicio colectivo, instrumento indispensable para la transición al socialismo.
Se abre un período en que las erres del Presidente deben hacerse carne de realidad y no un saludo a la bandera.

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