jueves, 17 de diciembre de 2009

General Ochoa Antich

General Ochoa Antich
Por: Víctor Hugo Morales
Estimado general Ochoa Antich, con respetuosa atención leí su contestación a mi artículo publicado en “aporrea.org” el pasado 3 de diciembre. Lo cual le agradezco .
En beneficio del espacio y de su tiempo seré lo más breve posible.
Dice usted que “se rompió el equilibrio estratégico entre Venezuela y Colombia” debido a una política equivocada del presidente Chávez. Disiento de su opinión. Ese equilibrio nunca ha existido, por cuanto el balance de fuerzas, el potencial militar colombiano, desde hace años ha mantenido una notable superioridad con nuestro país; en ese sentido la política militar venezolana ha sido y es de disuasión estratégica: con lo poco que tenemos: “ustedes no pasarán un metro de la frontera”, a lo cual debemos añadir: Colombia es el único país del mundo, incluido los Estados Unidos, que hace más de sesenta años mantiene un ejército en permanente estado de adiestramiento en reales condiciones de combate; participó en la guerra de Corea, envió tropas a Vietnam,, tiene tropas en Afganistán, en Israel, más la guerra civil de seis décadas desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Figúrese si no es motivo de preocupación por haber convertido Álvaro Uribe Vélez a Colombia en un inmenso campo armado, amenazando a los pueblos del Sur. ¿No es para alarmar a Itamarati cuando lo amenazan con cruzar los cielos brasileros en misiones de espionaje?
Por supuesto, hay presidentes pragmáticos. A las pruebas me remito: el dúctil Alan García. Otro ejemplo le daré, Carlos Andrés Pérez cortejaba la amistad de Fidel Castro, mientras financiaba la banda terrorista que voló el avión de la Cubana de Aviación con saldo de setenta y tres muertos.
El hecho real es que la tensión fronteriza existente no se debe a diferencia alguna entre Venezuela y Colombia, ni entre Álvaro Uribe y Hugo Chávez. La diferencia, la tensión existente es entre Sur América y el pacto militar acordado entre Colombia y los Estados Unidos, que amenaza la región, con el pretexto de combatir el narcotráfico y la delincuencia con los inmensos aviones de trasporte C-17, con supersónicos de combate, con aviones teledirigidos y tropas de combate, de ingrato recuerdo en Vietnam, de donde tuvieron que salir con las tablas en la cabeza, y como tendrán también que salir de los martirizados pueblos de Irak y Afganistán, víctimas de las guerras de rapiña emprendidas por los Estados Unidos y sus secuaces de la OTAN.
En cuanto a los radares que usted menciona, recuerdo que existía una cláusula secreta del contrato que otorgaba inmunidad diplomática al personal extranjero.
¿Cómo es posible que usted diga que es una exageración que las bases no son una amenaza? Su opinión descalifica también al presidente Lula, a Cristina, a Lugo, a Tabaré, a Evo, a Bachelet, a Correa, a Calderón, a Raúl, a Ortega, a Funes, a Zelaya, a Colón, y paro de contar para no alarmarlo. En cuanto a la alianza entre Colombia y los Estados Unidos, no se trata de nada nuevo. Desde la Guerra de Independencia, a lo largo del siglo XIX, el XX y lo que va del XXI, es política tradicional de Estado, por parte de Colombia “Mirar hacia el Norte”, pese a las trastadas recibidas que culminaron con la secesión de Panamá.
Estimado general, no podemos dejar de tener presente en cada momento de nuestra vida el convulso mundo en que vivimos. El presidente Obama, al recibir el jugoso Nobel de la Paz, al hacer apología de las guerras de Estados Unidos, llega al extremo de prepotencia imperial, de expresar que sus guerras son, a veces, “moralmente justificables”, en tanto que la Secretaria de Estado, Hilary Clinton, advierte también a Latinoamérica, con típico ademán de quien tiene el mando, para que no acerque a Irán, al que acusa de ser “el mayor partidario, promotor y exportador de terrorismo en el mundo de hoy”, casi como si dijese “con quien andas y te diré quien eres”, y concluye amenazando en forma poco menos que velada, para que no coqueteen con Irán por “las consecuencias que podría haber para ellos”, y remata, garrote en manos, “esperamos que lo piensen dos veces”. De los dirigentes del imperio nada malo nos extraña dados sus pésimos antecedentes, en plena expansión mundial de su Destino Manifiesto. Del pueblo venezolano y de los pueblos americanos y del Caribe, entender la inmensa importancia que tenemos de ser vigilantes, custodios de nuestras riquezas, de nuestra soberanía, de nuestra independencia, dignos herederos de la heroica gesta de los Libertadores.

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