martes, 15 de diciembre de 2009

EL BANCO DE LOS ACUSADOS

El banco de los acusados
Augusto Hernández
Digo el banco y no el banquillo porque en estos días hay que ser muy cuidadoso cuando uno se refiere a una institución crediticia solvente y sin problemas de liquidez, como pasa (esto último) en ciertas represas.
Para los que llegaron tarde a la película actualmente en Venezuela la profesión de banquero es tan peligrosa como lucrativa. Los bancos y sus propietarios o accionistas se han hinchado de ganar reales durante los últimos años pues los comerciantes acuden a las agencias bancarias mentándole la madre al gobierno mientras depositan las ganancias.
Se trata de una de esas paradojas que menciona el profesor Lupa y que constituye una característica del socialismo de siglo XXI, que beneficia a quienes lo detestan. La verdad es que si no fuera por el amor al lucro esa gente estaría en Miami, disfrutando el desmadre de las hipotecas gringas.
Naturalmente no hay banqueros socialistas. Si los hubiera la gente desconfiaría pues tal vez se antojarían de distribuir las ganancias en partes equitativas.
En fin, los señores de la banca y los organismos que la controlan tratan de evitar que haya una corrida bancaria que pudiera desatar un fenómeno similar al ocurrido en los Estados Unidos, o sea, en la propia sede del capitalismo, donde se formulan las reglas del libre mercado y otros dogmas neoliberales.
Hasta ahora, por fortuna, no ha habido tal corrida, pero en cambio varios banqueros pegaron la carrera; uno de ellos sin ni siquiera pasar por Maiquetía, sino a bordo de un yate que salió, como en la Canción del Pirata, “viento en popa a toda vela….”.
Como de costumbre los que llevan las de perder son los depositantes de buena fe, que si no fuera por Chávez se quedarían esperando que les devuelvan sus ahorros cuando la rana eche pelos, como ocurrió en épocas pasadas.
Ahora al menos recuperarán todo o buena parte de lo depositado antes de Navidad, lo cual no es tan malo como quedarse en el ladre en Nochebuena.
Por cierto, en Margarita preguntan si ese señor Chacón, que era un pata en el suelo, por casualidad no será un paisano de Chacopata.

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