sábado, 13 de febrero de 2010

MILITANTE DE PAPEL

MILITANTE DE PAPEL
Rafael Leyva Ricardo
Hace unos días participaba en una actividad que reunía en Parque Central a buena parte de los patrulleros del Partido Socialista Unido de Venezuela. Para mi tranquilidad militante, la convocatoria rebasó la capacidad de la Sala Plenaria, que difícilmente pudiera llenarse con el concurso de todos los partidos que en Venezuela se oponen a la Revolución. La presencia de algunos dirigentes partidistas marcaba la agenda del evento, en el que aparecían los infaltables papelitos que entre codazos y fintas a la seguridad se cuelan en agendas, bolsillos y las manos de quienes abren puertas.
Estamos casi acostumbrados a que la solemnidad o trascendencia política de un evento sea bifurcado por alguna persona, que desesperada de enviar cartas -o sin hacer solicitud alguna- se aventura a la tarima para entregar en sus propias manos algún pedido personal.
No cuestiono a quien ha necesitado toda su vida lo que el Gobierno Bolivariano pone hoy en manos de los desposeídos.
Tampoco al que se siente ignorado por un aparato estatal que aún carga el pesado fardo burocrático, propio del capitalismo que queremos desechar para siempre.
El militante de papel, al que sí señalo, es el oportunista que se aprovecha de algún compatriota que administra recursos del Estado. Al que sabe lo mismo, tanto al principio como al final de la asamblea, eso si no se fue después de entregar su papelito y claro, firmar la lista de asistencia.
La mayoría de nuestro pueblo es consciente de la inmensa deuda social generada por los degenerados años que precedieron a Revolución Bolivariana. Es menester también recordar todo el terreno que se ha avanzado en la defensa de los derechos elementales, gracias a la voluntad de nuestro comandante Chávez y a la gestión de la Revolución.
El militante de papel irá desapareciendo en el tiempo, con una velocidad proporcional a la profundización del proceso bolivariano, con la solución de los problemas elementales y el crecimiento espiritual de nuestro pueblo. Ansío acelerar el tiempo y dejar atrás a los militantes de papel, y así jamás volver a ser testigo de la escena en que una respingada señora, rebosante de botox y silicona, detiene su automóvil del año para entregar un papelito rayado de inconformidad con la mano izquierda, reservando la derecha para la protección de su blackberry.

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