martes, 16 de febrero de 2010

MANOS BLANCAS

Manos blancas
La oposición venezolana no cesa en su empeño de crear un ambiente de conflictividad. Intentan incendiar el país para justificar un nuevo intento de golpe de Estado.
Las actuaciones de los estudiantes fascistas en diversas ciudades tienen como trasfondo sembrar zozobra e incertidumbre entre la población. Cada vez que salen a la calle con sus manos pintadas de blanco, desafían y provocan las fuerzas de seguridad del estado para generar trifulcas y hacerse pasar por víctimas de una represión que no existe. Está claro que en Venezuela no hay en la actualidad violaciones sistemáticas a los derechos humanos; si algo se respeta desde la llegada de la Revolución Bolivariana, es la integridad de cada habitante. Quienes gobernaron antes de la llegada del Presidente Hugo Chávez se caracterizaron por irrespetar a quienes los enfrentaban, a quienes tenían la osadía de oponerse a los gobiernos de turno.
Durante años imperó la represión, la tortura, los asesinatos y las desapariciones forzosas. Los dirigentes políticos de la derecha que hoy abogan por rescatar la libertad de expresión – supuestamente perdida - y solicitan un estado de derecho, son los mismos que asumieron la persecución de los venezolanos en las décadas pasadas o sumaron su complicidad a las actuaciones policiales y militares que dejaron muchos hogares de luto. La memoria histórica está presente. Ayer fueron perseguidores, torturadores; hoy pretenden pasar por demócratas y defensores de los derechos humanos. Cambiar de piel para ellos no resulta difícil pues están acostumbrados a jugar bajo las sombras y por lo tanto, siempre buscan engañar al colectivo para trazar las estrategias de acceder al poder.
Quienes estás detrás de las protestas estudiantiles saben que inmolando sin piedad algunos estudiantes les allanaría el camino para desatar violencia y caos en el país. Las “manitos blancas” son un artificio para generar una matriz de opinión que haga creer al mundo la supuesta dictadura que tenemos. Detrás de las caras inocentes que ponen, se esconde el filofascismo en su caracterización más extrema. Podemos verlo en las manifestaciones y el grado de violencia que alcanzan cuando se presentan los cuerpos policiales. Aun cuando arguyen como propuesta de sus acciones desestabilizadoras la necesidad de buscar el bien común, en el fondo solo buscan calentar la calle y así abrir caminos que conduzcan a una nueva intentona de golpe.
En realidad las manos blancas representan la inquina, la angustia, la ambición de poder, la desfachatez, la violencia y la muerte. Sabemos que continuarán ejerciendo su trabajo tarifado pero tienen ante sí un pueblo que conoce su Constitución y no se deja engañar. Un pueblo que defenderá su revolución aun a costa de la vida.
José Gregorio González Márquez

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