viernes, 23 de abril de 2010

LENIN

Lenin
Freddy J. Melo
I
Este hombre, a quien correspondió antes que nadie encarnar en la praxis la tesis filosófica maestra de Carlos Marx sobre el tránsito de la interpretación a la transformación, “contribuyó más que ningún otro a modificar el ordenamiento del mundo en el siglo XX”, según el decir de uno de sus biógrafos. Investigador acucioso, estimuló la continuidad del estudio marxista del capitalismo en su fase imperialista y produjo un libro clásico al respecto, sobre cuya base identificó y denunció las guerras entre grandes potencias como hechos de reparto de países para dominación, explotación, rapiña y bandidaje y llamó a los explotados a aprovecharlas para la revolución. Fue creador de un desarrollo teórico de alcance universal sobre organización y lucha revolucionaria; fundador de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), ensayo de justicia social para una inmensa población de oprimidos y explotados (humillados y ofendidos: Dostoiewsky), y principal promotor del impulso planetario a las luchas de liberación nacional, entre otros trabajos colosales. En virtud de los cuales recibió el amor y adhesión de centenares de millones de personas en todos los países y ha sido uno de los mayores pararrayos del furor de las clases dominantes y sus epígonos.

Para semejantes empresas estaba dotado como pocos. A cualidades personales de sinceridad, sencillez y modestia, añadía voluntad de acero, cerebro genial, vasto acervo de conocimientos generales, insondable dominio de la doctrina marxista, actitud ajena a todo dogmatismo y una capacidad de indignación ante la injusticia (recuérdese el apotegma del Che) difícilmente parangonable. Al respecto decía el gran escritor Máximo Gorky: “En Rusia, país donde se predica la necesidad del sufrimiento como vía universal de salvación, no he encontrado nunca un ser humano que experimentase tan profundamente, tan intensamente como Lenin, odio, aversión y desprecio a la infelicidad, el dolor y el sufrimiento de los hombres”. Y todo eso lo amalgamaba en una indisoluble unidad de acción y pensamiento.

Lenin para la eternidad –aunque sus enemigos le pasen borrador–, nació como Vladimir Ilich Uliánov el 22 de abril de 1870, hijo de una familia de intelectuales, en Simbirsk, población ribereña del Volga, que tras su muerte recibió su apellido original, no sé si lo conserva todavía. Se hizo revolucionario siguiendo las huellas de su hermano mayor Alejandro, quien participó en un atentado contra el zar y fue apresado y llevado a la horca en mayo de 1887. Vladimir Ilich recibe bautismo de represión pocos meses después, al ser detenido en una manifestación estudiantil y expulsado de la universidad de Kazán, donde estudiaba. Al año siguiente ingresa en un círculo marxista, comenzando su etapa de formación, que algunos extienden hasta 1905, fecha de la primera revolución rusa, período durante el cual funda el periódico Iskra, escribe varios libros y folletos –entre ellos El desarrollo del capitalismo en Rusia (inconcluso) y ¿Qué hacer?– y unifica y dirige los grupos marxistas en San Petersburgo (SP), ciudad donde se había graduado de abogado en 1891. En 1895, tras una misión en Europa, regresa a SP; a fines de año es encarcelado y entre 1897 y 99 deportado a Siberia, donde contrae matrimonio con la también deportada Nadiezhda Krúpskaia, trabaja intensamente, escribe artículos y folletos y termina el libro inconcluso. Por ello no pudo participar en el Congreso fundador del Partido Obrero Socialdemócrata (así se llamaban las organizaciones marxistas de la época) Ruso, celebrado en marzo de 1898. En 1900 marcha al extranjero (Suiza, Alemania, Francia, Inglaterra), regresa a Rusia en 1905 para participar en la primera revolución rusa del siglo, el “ensayo general”, vuelve al extranjero en 1907 luego de la derrota de la misma y retorna en 1917 tras la Revolución de Febrero, que derrocó al zar. Todo ese período fue de una actividad incesante, de discusión, organización, elaboración teórica y política y preparación para el gran día que avizoraba. Asiste al II Congreso partidista, rompe luego con el menchevismo y funda el Partido Bolchevique y su periódico Pravda, condena la traición de la II Internacional, cuyos integrantes se sumaron a sus burguesías guerreristas, y escribe numerosas obras de enorme importancia, de las cuales no pueden dejar de mencionarse El imperialismo, fase superior del capitalismo, en la cual sintetiza su visión de los elementos que caracterizan el modo de producción capitalista en vísperas de culminar el segundo decenio del siglo XX; El Estado y la Revolución, que rescata y precisa para el movimiento revolucionario la teoría marxista del Estado, y las Tesis de Abril, llave táctica maestra hacia el Gran Octubre. Proseguiré.

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