domingo, 14 de junio de 2009

Los "bates quebrados"

Los "bates quebrados"
Mariadela Linares
A confesión de partes, dicen los abogados, relevo de pruebas. No pudo encontrar el General Huizi Clavier mejor definición para llamar a ese lastre que carga la oposición encima, y que no es otra cosa que el peso muerto de un montón de dirigentes que dejaron hace rato de dirigir a nadie, y hoy en día, se pasean de estudio en estudio, prestos a correr tras un micrófono, sin aportar ni una sola idea original, que no sea afirmar sin descanso que hay que salir de Chávez, y sin presentar ni una propuesta que les permita salir del hoyo en que están.
Ese desespero opositor, esa falta de brújula, esa ausencia de liderazgos con credibilidad, carisma y respeto colectivo, no son sólo su máxima aflicción para ellos mismos, sino que también representan el peor enemigo para el chavismo.
Una oposición desparramada y frustrada, es tierra fértil para que crezcan allí los bateadores emergentes: los que apuestan a la salida "no democrática", los que se reúnen para planificar magnicidios o golpes de Estado, los que sacan la cuenta de los cientos de miles de bolsas negras que tendría que enviar el departamento de Estado para recoger los cadáveres de sus enemigos.
De allí que la "supuesta" (esperaremos hasta la semana próxima por las pruebas que ofreció el diputado Mario Isea, para dejar de llamarla supuesta) conversación de Huizi con "Edgar", no es motivo para el regocijo porque lo cacharon en la trampa. Sería una ligereza del chavismo carcajearse por una pifia telefónica más, pillada in fraganti. Por el contrario, de resultar cierta, es razón suficiente para albergar un profundo temor, no sólo por la seguridad y la vida del Presidente, hoy más amenazadas que nunca, sino por conocer quiénes son y dónde están esos militares que podrían estar prestándose para el macabro juego ya conocido, y quiénes son y dónde están las manos peludas y tenebrosas, que quieren reeditar aquí lo que hace más de treinta años sumió a Chile en una noche oscura y dolorosa que duró quince años. El morrocoy de la justicia tiene forzosamente que acelerar su paso. Para mañana puede ser tarde.

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