domingo, 21 de junio de 2009

EN DEUDA CON FABRICIO, SUS ASESINOS NUNCA FUERON CASTIGADOS

LOS ASESINOS NUNCA FUERON CASTIGADOS
En deuda con Fabricio Ojeda
Hace 43 años fue vilmente asesinado.

Sus verdugos ni siquiera ocultaron el crimen
Por: Jesús Lucart A. en Todos Adentro
Las fuerzas represivas no tuvieron compasión. La orden impartida fue la de asesinar. No dejar huellas. Siempre lo fue. La alianza AD, Copei y los sectores empresariales aunados con la oligarquía y la burguesía criolla habían trazado su meta:
Impedir a toda costa que el movimiento revolucionario, el pueblo, ocupara espacios.
El de Fabricio fue un asesinato más de los cometidos por tales agrupaciones, casi desde su inicio. Amparados por una supuesta “lucha por la democracia”, se cometieron innumerables crímenes.
Fabricio Ojeda, periodista y guerrillero venezolano; nacido en Boconó el 6 de febrero de 1929 y ultimado en Caracas. Esa mañana del 21 de junio de 1966, hace exactamente 43 años, este insigne luchador social amaneció colgado de los barrotes de los calabozos del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA). Los culpables de su muerte nunca fueron castigados. Gobernaba el país para entonces Raúl Leoni.
Su detención
Ese 19 de junio de 1966 Fabricio se encontraba en una “concha” del Litoral Central para cumplir una misión. Hubo una delación y fue detenido por las fuerzas policiales del régimen. Luego de ser publicitada su detención, fue trasladado a los calabozos del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA), en Palacio Blanco, frente al Palacio de Miraflores.
Ramón Florencio Gómez, oscuro ministro de la defensa del régimen, fue comisionado para dar la noticia. Fabricio Ojeda se suicidó. La Comisión de Política Interior de la Cámara de Diputados del entonces Congreso de la República, exigió que se llevara a cabo una profunda investigación.
Fabricio Ojeda trabajó como periodista en los diarios La Calle, El Heraldo y El Nacional. Fue presidente de la Junta Patriótica que logró poner fi n a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. Como venezolano, acunaba la esperanza de un cambio en el país. El oprobio, la vergüenza, había finalizado. Era lo que suponía, pero no contaba con el Pacto de Punto Fijo, convalidado luego el 31 de octubre de 1958.
Fue entonces cuando algunos líderes reflexionan y deciden tomar las armas, entre ellos Fabricio Ojeda, quien en 1958 había sido electo diputado al Congreso Nacional por Unión Republicana Democrática; renunció a su cargo de parlamentario e hizo famosa su carta de renuncia el 30 de junio de 1962 y entre unos de los párrafos sostenía: “Este país que es el más rico de toda la América Latina, muestra ante los ojos angustiados de su gente, un panorama de males y penurias que se ahonda en la existencia misma de grandes contradicciones: mientras unos lo tienen todo, comodidades, lujos, placeres y bonanza; otros nada poseen, ni nada les espera, a no ser la muerte en la más completa pobreza. Mientras unos tienen en bancos y cajas fuertes millones de bolívares, otros carecen de recursos más elementales de la vida humana. Mientras unos pueden mandar a sus hijos a los mejores colegios, otros tienen que resignarse a ver a los suyos crecer en la ignorancia. Mientras unos viven como parásitos, sin trabajar ni producir, otros no encuentran dónde colocar su fuerza de trabajo. Mientras unos ven a sus mujeres dar a luz en clínicas lujosas, otros, los más, tienen que conformarse con verlas parir como animales en sus ranchos inmundos”.
Agrega en otra de sus partes: “Por ello cuando hacemos armas contra este Gobierno, las hacemos por la restitución de la constitucionalidad democrática, por la Cámara de Diputados escarnecida y atropellada, por la independencia de los poderes públicos, por la democracia
y la justicia. Convoque, pues, señor Presidente, al suplente respectivo porque yo he salido a cumplir el juramento que hice ante ustedes de defender la Constitución y las leyes del país. Si muero no importa, otros vendrán detrás que recogerán nuestro fusil y nuestra bandera para continuar con dignidad lo que es ideal y saber de nuestro pueblo.
¡Abajo las cadenas! ¡Muera la opresión! ¡Por la Patria y por el Pueblo! ¡Viva la Revolución!”

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