lunes, 16 de marzo de 2009

La democracia participativa consolida el socialismo

La democracia de participación ciudadana y protagónica es superior a la democracia representativa conocida en el mundo occidental.
En la democracia representativa nos limitábamos a votar cada cuatro años, para elegir a nuestros representantes en la Presidencia de la República, a los diputados, a los alcaldes, a los gobernadores, y nos retirábamos a nuestras casas a esperar que ellos cumplieran con su obligaciones para con el país.
La democracia representativa fracasó, porque los ciudadanos no tienen manera de controlar a sus representados. Nuestra Constitución tiene como principio fundamental la participación ciudadana y protagónica en los derechos políticos y en los referéndum populares. Artículo 62, dice: “La participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo. Es obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar la generación de las condiciones más favorables para su práctica”.
Participamos construyendo un mejor país, cuando asistimos a las reuniones convocadas por las comunidades, cuando salimos a la calle a manifestar en forma pacífica, cuando acudimos a los procesos electorales, cuando colaboramos con las misiones sociales, cuando formamos parte de los consejos comunales, en las cooperativas, en los grupos culturales o deportivos. La participación tiende puentes entre los ciudadanos y sus gobernantes facilitando el desarrollo social y control de las políticas públicas.
Participamos cuando ejercemos la Contraloría Social que busca garantizar el cumplimiento de los planes y presupuestos públicos, para el uso eficiente de los mismos. Cuando se observe una irregularidad administrativa debemos denunciarla ante las autoridades respectivas para combatir la corrupción.
Del Poder Popular deben surgir los líderes naturales por sus conocimientos, su prestigio social, por su ascendencia en la gente, por su contacto diario que le permite conocer bien los problemas de su comunidad. Un líder debe ser proactivo, humilde capaz de escuchar a los demás, de aceptar la diversidad, de ser respetuoso, tolerante e incluyente con la disidencia. Que sus palabras concuerden con sus acciones y que viva en su comunidad.

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